Consejos de edición

Edición y diseño, Tipografía • 15 de enero de 2005

El propósito de la tipografía es hacer entender nuestro punto de vista, de ahí que nuestro principal objetivo no sea simplemente presentar textos de forma bonita, sino hacer nuestro documento comprensible y evitar que el lector se distraiga.[1]

En general, un documento bien editado ha de tener un aspecto general sencillo y homogéneo. Es posible —y recomendable— editar un texto con un solo tipo de letra a un solo tamaño, pero suele ser conveniente combinarlo con mayúsculas, versalitas o cursivas en el mismo tamaño. Es necesario diferenciar las distintas partes de un documento mediante títulos y encabezados, que han de ir de mayor a menor según se avanza en el esquema general, y los elementos tipográficos pueden ayudar a enfatizar lo que necesite ser marcado, sin necesidad de disturbar el estilo general del documento. Hay que tener mucho cuidaddo con los elementos que resultan llamativos a la vista: no deben ser viñetas llamativas o texto en negrita, a no ser que se desee explícitamente que sea ese elemento lo primero que queremos que el lector vea en la página, como ocurre en un diccionario, en el que las palabras definidas suelen aparecer en negrita, para ser vistas antes que el resto de la página.

Diseño general de la página

El ancho de una línea ha de oscilar entre los 45 y los 75 caracteres. Si ocupa más resulta difícil de leer de una sola vez y el ojo se pierde al bajar a la línea siguiente, por eso las revistas y periódicos, que suelen imprimirse en papeles muy anchos, distribuyen sus páginas en forma de columnas.

Esto quiere decir que para documentos o trabajos universitarios nos encontramos con un escollo inicial: el típico DIN A-4 es demasiado ancho para una sola columna de texto, pero dos columnas parecen algo extraño en un texto de esta categoría; por lo que estamos obligados a usar una sola columna. Eso significa que hemos de ser generosos con los márgenes y con el tamaño de la letra, pero sin pasarse. Yo recomiendo márgenes de unos 3,75 y 3,6 cm. para los márgenes superior e inferior, y de 4 y 3,6 cm. para los izquierdo y derecho, de forma que la sección de texto forme un rectángulo aúreo (una proporción de 1,618 entre altura y anchura), que es una de las formas preferidas por el ojo humano. Dependiendo del tipo de letra utilizado, variará el número de caracteres en cada línea, así que se ha de escoger un tipo y un tamaño que se acerquen lo más posible a los límites indicados.

Por supuesto, los márgenes tienen otra función además de la reducir la longitud de las líneas: el espacio en blanco en una página es tan importante como el espacio impreso; si hay demasiado poco, la página parecerá estrecha.

Espacio entre líneas

El espaciado es uno de los elementos más importantes para potenciar la legibilidad de un texto. Está demostrado que la gente prefiere leer documentos que tienen un espaciado generoso (aunque no excesivo). Si el espaciado interlineal es demasiado pequeño, el ojo puede acabar en la línea equivocada al pasar del final de una línea al principio de la siguiente; pero si es demasiado ancho, las líneas perderán la conexión entre ellas, y el documento se vuelve ilegible. El doble espacio es un ejemplo de este último error ¡un texto nunca debe ir a doble espacio si esperamos que alguien lo lea!

Pero definamos algunas unidades con las que manejarnos:

  • La más común es el punto, que en tipografía digital equivale a 1/72 pulgadas.
  • El em y el en son unidades de longitud. El “em” es igual al tamaño de la letra: por ejemplo, para una fuente a 12 puntos, un “em” son 12 puntos. Se llama así porque es el espacio aproximado que ocupa una “m”. Un “en” es la mitad de un “em”, el equivalente a la anchura de una “n”, o 6 puntos si un “em” es 12.
  • Otra unidad común es la pica, que corresponde a 12 puntos, y en tipografía digital, es 1/6 de pulgada. Tradicionalmente se usan puntos para cantidades pequeñas, como el tamaño de la fuente o el espaciado interlineal, mientras que las picas se usan para características más grandes, como la longitud de una línea; aunque en tipografía digital se prefieren medidas como centímetros o pulgadas, en lugar de picas.

El espacio blanco ideal entre dos líneas de texto equivale a 2 ó 2,5 puntos más que el tamaño de la letra escogido (equivale en general a escoger la opción “espacio sencillo” en un procesador de textos; o bien, para un tamaño de letra de 12 puntos, escoger la opción “espacio exacto”, y fijarlo a “14,5”).

Cuanto más largas sean las líneas, el espacio habrá de ser mayor. Y también dependerá del tipo de letra escogido: si se trata de una fuente con una altura de “x” grande (es decir, la parte que ocupa en cada letra lo que equivaldría a la letra “x” respecto a la altura total por arriba y por abajo), también habrá de ser mayor la proporción. Para un tipo de letra Garamond, 2,5 puntos extra van bien; para uno del tipo Times New Roman, que tiene un “x” exagerado, habrá que añadir más.

Justificado y espacio entre palabras

Lo más común es justificar un texto, es decir, alinear los márgenes a la derecha y a la izquierda. Para hacer esto, el software tiene que ajustar el espacio entre las palabras e insertar guiones al final de algunas líneas. Es mucho más fácil para un lector leer un texto justificado que uno sin alinear. Pero hay ciertos riesgos: si el programa no es muy bueno controlando el espacio blanco entre las palabras, puede hacer correr “ríos” de blanco entre las líneas, y hacer el texto ilegible.

Por eso es importante controlar el espaciado entre palabras, que para la mayoría de las fuentes de texto que usamos está en torno a 0,25 em; aunque siempre será mayor o menor, dependiendo de las posibilidades de guionado final de cada línea. Para líneas largas de texto es recomendable aumentar un tanto esa anchura, si el procesador de textos lo permite, en un 10 ó 15%, ya que producirá una textura del cuerpo del trabajo más ligera y fácil de leer.

En cuanto al corte de palabras en final de línea con guiones también se suelen seguir unas normas. Lo más usual es exigir un mínimo de 2 caracteres antes del guión y 3 después. No más de 3 líneas seguidas deberían acabar con un guión; la última palabra en una página no debería partirse, y tampoco la última en un párrafo. Pero estas normas no pueden ser estrictas: es preferible no limitar el número de líneas consecutivas que pueden partirse con guión, ya que es mucho peor que el espacio que quede entre palabras sea demasiado ancho. No es necesario partir con guiones las líneas de un texto que sólo está justificado a uno de los lados.

Existe en la mayoría de los procesadores de texto de calidad un tipo de espacio en blanco llamado “espacio de no separación”, que se debe usar para separar elementos que no deberían separarse al final de una línea, como ecuaciones o expresiones del tipo a = b.

Hay otro tipo de espaciado a tener en cuenta, y es el que hay entre las letras de una palabra. En general no hay que modificar el que cada tipo de letra tiene definido, a excepción de las secuencias de palabras en mayúsculas, tiras largas de números, y otras cosas que no son texto normal. Sobre todo las mayúsculas se leen mucho mejor si están más separadas de lo normal.

Caracteres especiales

No es necesario usar el subrayado (a no ser en direcciones de Internet); el subrayado se usaba en las máquinas de escribir porque no tenían la posibilidad de escribir en cursiva o en negrita. Normalmente el subrayado significaba que en la edición definitiva del texto se deseaban cursivas en ese punto. Los títulos de los libros tienen que ir en cursiva, y si hace falta hacer énfasis en alguna parte del texto, es mejor usar la cursiva o la negrita. Con todo, es preferible usar la cursiva para la mayoría de los casos, ya que si se quiere hacer énfasis en alguna palabra o frase ha de ser en el momento en que es leida, dentro de su contexto. La cursiva hace esto; la negrita hace mucho más: con la mayoría de los tipos de letra, la versión negrita hace que la palabra resalte por encima de todo el resto de la página, y será la primera cosa que el lector vea al mirar la página. No hay que usar la negrita a no ser que sea este efecto precisamente el que se desea conseguir.

Es necesario utilizar la clase adecuada de comillas. En un teclado encontramos una sola forma de comillas: “. Pero con un procesador de textos se puede activar fácilmente la opción de insertar comillas auténticas de cierre y apertura: “ ” „ ‘ ’ ‚ « » ‹ ›.

También hay que cuidar los guiones que se usan: las máquinas de escribir tenían sólo uno, el guión corto que se usa para cortar palabras al final de las líneas, y que sigue apareciendo en un teclado moderno. Pero hay tres tipos más: – (guión en), — (guión em), y − (signo menos). El primero es recomendable para separar rangos, como en pp. 345–540, o 1999–2000. El segundo sirve para separar frases o incisos —de esta forma—, así como para introducir los distintos interlocutores en un diálogo. El signo menos se usa con números (−1 +1), ya que es del mismo tamaño que el signo +.

Existen, asimismo, dos tipos de barras: la llamada “vírgula”, usada para separar palabras (como en: no sabe/no contesta); y la llamada “solidus”, o barra para construir fracciones, ¹⁄n.

El punto alto, llamado período, · , se usa para separar cosas, como los números en un índice de contenidos (Introducción · 2), o elementos distintos en una dirección (Gran Vía, 25 · 28002 Madrid). Otros símbolos que se usan normalmente, como el círculo negro y otras viñetas, son demasiado oscuros para este uso, y deben restringirse a las listas con viñetas que veremos más adelante.

Existen tipos de letra de muy alta calidad (por ejemplo, gran parte de las fuentes comercializadas por la empresa Adobe) que contienen todos estos caracteres especiales por duplicado, una versión normal para caracteres de caja baja (las minúsculas, las versalitas, los números de estilo antiguo), y otra, más elevada, para los de caja alta (mayúsculas, números normales); siempre que sea posible, es preferible usar para cada tamaño los signos de puntuación más adecuados.

Párrafos

Existen dos opciones para distinguir un párrafo del que le sigue: sangrar la primera línea o separarlos con una línea en blanco. Es cuestión de gustos, pero el sistema tradicional es el primero, sobre todo si se trata de documentos largos. Sobre todo, hay que decidirse por uno o por otro: si se sangra la primera línea, no es necesario dejar espacio extra en medio, porque esto último trastoca el flujo general del texto. Si se prefiere dejar la línea vacía, no habrá razón, entonces, para sangrar el párrafo.

Si se usa la sangría, tampoco hay razón para sangrar el primer párrafo después de un título. El lector ya sabe que comienza un nuevo párrafo, y añadir una sangría ahí puede hacer que el título no parezca alinearse bien con el texto que sigue.

No hay que usar una sangría excesiva. Una buena opción es 1 em, o el valor del espaciado interlineal: un documento ajustado a 12/14,5 puntos para el tipo de letra y el espaciado debería llevar una sangría de 12 o de 14,5 puntos; con todo, dependiendo del tipo de letra podría parecer un espacio demasiado pequeño, sobre todo si se trata de líneas anchas, por lo que una sangría de 1,5 em podría resolver el problema.

Los expertos en tipografía recomiendan usar un solo espacio detrás de punto, punto y coma, o dos puntos; si se acumula más de un espacio (opción preferida por algunos), se enfatiza la pausa entre períodos innecesariamente, ya que no supone un cambio de párrafo, y la mayoría de procesadores de texto de calidad lo considerará un error ortográfico.

Si un párrafo se divide entre dos páginas, hay que tener cuidado. Hay varias normas posibles, pero lo más recomendable es mirar el principio de cada página. Si se encuentra una línea suelta que ha sobrado de la página anterior (llamada línea viuda), hay que hacer algo para arreglarlo. Hay quien piensa que esa misma línea suelta al final de la página (linea huérfana), también es un problema, pero no tiene tanta importancia, y puede aceptarse sin problemas.

Títulos y encabezados

La mayor tentación con los títulos es exagerarlos. Es muy común ver documentos en los que los encabezados de capítulo y sección aparecen a tamaño más grande que el cuerpo del texto, en negrita, y subrayados. Esto rompe la “limpieza” de la apariencia del documento, y sin razón. Lo que ha de hacerse es cambiar la menor cantidad posible de parámetros respecto al cuerpo del texto. Por ejemplo, si se pone todo en mayúsculas el título resaltará suficientemente, y ya no hay razón para aumentar el punto o ponerlo en negrita (para subrayar nunca hay excusa).

Hay dos formas de diseñar títulos:

  • Los distintos niveles de un documento vienen marcados por mayúsculas, versales, cursivas, y justificación centrada. En la mayoría de los casos no es necesario usar distintos tamaños de letra.
  • Los distintos niveles se diferencian por el tamaño de la letra. Algunos documentos científicos lo hacen usando diversos tamaños de negrita, a menudo en un tipo de letra distinto al del cuerpo del texto.

Ambos estilos son correctos, siempre que se sea coherente en su uso. Se pueden mezclar, por ejemplo, marcar el nivel más alto con un título a tamaño más grande, y el siguiente nivel con mayúsculas o versales en el tamaño del cuerpo. El solo tamaño diferenciará un título de otro. Pero no es necesario acumular características, ya que pueden hacer muy confusa la estructura del documento.

Algunos lectores se han acostumbrado a pensar que la negrita es lo normal para hacer títulos. Pero, históricamente, las mayúsculas y las versales eran lo que se usaba para hacer títulos, tanto en títulos de una sola página como para distinguir capítulos y secciones, y a menudo eran del mismo tamaño que el texto, sobre todo en el Renacimiento. Depende de las preferencias de cada uno, pero suele ser más elegante el uso de mayúsculas y de cursivas en lugar de las negritas, porque dan una apariencia más uniforme al conjunto del texto. Tampoco es necesario mezclar negritas con mayúsculas.

Una alternativa a las mayúsculas para componer títulos son las versalitas, sobre todo para establecer separaciones a menor nivel (subcapítulos o apartados dentro de cada capítulo).

Notas    ( returns to text)

  1. 1. Extraído de Guidelines for Typography in NBCS de Charles Hedrick (Universidad de New Jersey), y Petites leçons de typographie de Jacques André.
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